Sólo he parado a descansar. Dicen que las princesas no lloramos porque se nos cae la corona, que somos tan sensibles, que notamos la rotación de la Tierra. Que somos tan tiernas, que podemos morir de tristeza, pero también dicen que no hay mayor tesoro que tener el corazón de una princesa, pues lo entregan sin preguntar, por qué, cómo, cuándo, ni dónde. Porque aman sufriendo, aman viviendo, aman sonriendo, aman eternamente...